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Cómo elegir activos con mayor rendimiento real durante inflación sostenida

Cómo elegir activos con mayor rendimiento real durante inflación sostenida

Tabla de contenido

Introducción: la inflación como desafío estructural

La inflación debilita la capacidad de compra del dinero y funciona como un tributo invisible que castiga el ahorro. A lo largo del tiempo, diversos episodios —partiendo de los años setenta, cuando se registraron cifras superiores al 10% en múltiples naciones industrializadas, hasta llegar a las fases recientes de carestía generalizada producto de emergencias sanitarias y energéticas— han evidenciado que conservar efectivo sin rentabilidad efectiva se traduce en un deterioro del patrimonio. A pesar de esto, determinados bienes han demostrado una mayor aptitud para custodiar o acrecentar el valor real del capital a lo largo de plazos extendidos.

A continuación se exponen los 7 tipos de activos que mejor han resistido la inflación en el largo plazo, respaldados por fundamentos económicos, precedentes históricos y diversos aspectos prácticos a considerar.

1. Acciones de empresas con poder de fijación de precios

Las acciones simbolizan una participación dentro de negocios reales. Aquellas empresas que poseen ventajas competitivas sólidas y la capacidad de transferir el incremento de los gastos hacia los clientes suelen preservar sus márgenes durante contextos inflacionarios.

Durante los años setenta, áreas como la energía, el consumo básico y la salud consiguieron mantener sus ingresos reales. Aquellas compañías que disponen de marcas sólidas o bienes imprescindibles tienen la capacidad de modificar sus tarifas sin que esto repercuta de forma notable en la demanda.

  • Ejemplo: corporaciones del sector de alimentación y bebidas que modifican sus tarifas en función de los gastos en materias primas.
  • Fundamento: la facturación corporativa experimenta un incremento nominal acompasado con el fenómeno inflacionario.
  • Riesgo: las entidades con un endeudamiento elevado corren el peligro de sufrir consecuencias negativas derivadas del incremento en los tipos de interés.

A largo plazo, concretamente en horizontes que rebasan las dos décadas, las bolsas internacionales han batido de forma constante al IPC, proporcionando así ganancias reales favorables.

2. Bienes inmuebles

El sector inmobiliario ha sido tradicionalmente un refugio frente a la inflación. Las propiedades físicas tienden a revalorizarse cuando aumentan los costes de construcción y el valor del suelo.

Además, los cánones de arrendamiento son susceptibles de actualización periódica, lo cual posibilita que las percepciones económicas del arrendador aumenten al ritmo de la inflación.

  • Ejemplo histórico: en diversas economías de Europa y América, el coste medio de la propiedad inmobiliaria ha rebasado la inflación durante tramos de treinta años.
  • Ventaja adicional: endeudamiento a interés fijo que va perdiendo valor en términos reales cuando la inflación es alta.
  • Consideración: menor liquidez y gastos de conservación.

3. Materias primas

Las materias primas suelen experimentar aumentos de precio cuando la inflación es impulsada por presiones de oferta o demanda global.

En los años setenta, el petróleo multiplicó su precio varias veces, impulsando el rendimiento de activos vinculados a energía y metales.

  • Oro: históricamente considerado reserva de valor.
  • Energía: petróleo y gas tienden a subir en ciclos inflacionarios.
  • Metales industriales: vinculados al crecimiento económico.

Su volatilidad es elevada, pero actúan como cobertura táctica frente a shocks inflacionarios.

4. Títulos vinculados a la inflación

Estos instrumentos ajustan su principal o cupón según un índice de precios. De esta forma, protegen el poder adquisitivo del inversor.

En distintos países existen emisiones soberanas diseñadas específicamente para compensar el aumento del coste de vida.

  • Ventaja: cobertura inmediata frente a repuntes imprevistos de los precios.
  • Limitación: rentabilidad reducida en escenarios donde el encarecimiento de la vida sea menor al previsto.

Resultan de gran utilidad especialmente dentro de carteras conservadoras que persiguen una estabilidad real.

5. Infraestructura

Activos como autopistas, redes eléctricas, aeropuertos o plantas de energía suelen operar bajo contratos a largo plazo con cláusulas de actualización vinculadas a índices de precios.

  • Ingresos recurrentes: contratos regulados o concesiones.
  • Barreras de entrada: alta inversión inicial y regulación.
  • Comportamiento histórico: resiliencia en periodos de inflación moderada a alta.

Su naturaleza esencial para la economía les otorga estabilidad y capacidad de trasladar incrementos de costes.

6. Activos agrícolas y tierras cultivables

La tierra productiva combina escasez física con demanda estructural de alimentos. A medida que aumentan los precios agrícolas, también lo hacen los ingresos derivados de su explotación.

  • Escasez estructural: disponibilidad reducida de suelo cultivable.
  • Resguardo natural: los víveres constituyen productos esenciales.
  • Diversificación: escasa correlación frente a los instrumentos financieros convencionales.

En diversos estudios de largo plazo, la tierra agrícola ha mostrado rendimientos reales consistentes y menor volatilidad que las materias primas cotizadas.

7. Negocios privados y emprendimientos

Invertir en empresas no cotizadas o crear un negocio propio puede ofrecer protección contra la inflación si se logra mantener márgenes y ajustar precios.

  • Flexibilidad operativa: rápida adaptación a las variaciones en los costes.
  • Potencial de crecimiento: expansión dentro de contextos inflacionarios.
  • Riesgo elevado: dependencia directa de la gestión y del ciclo económico.

Los dueños de empresas prósperas tradicionalmente han salvaguardado y acrecentado su patrimonio neto frente a ciclos de alta inflación continua.

Factores clave para resistir la inflación

Más allá del tipo de activo, existen características comunes que favorecen la protección frente al aumento generalizado de precios:

  • Capacidad para fijar precios.
  • Entradas de dinero ligadas a activos tangibles.
  • Carencia estructural.
  • Acuerdos indexados.
  • Escasa exposición a pasivos con interés flotante.

La diversificación entre varios de estos activos mejora la resiliencia global del patrimonio.

La trayectoria económica demuestra que la inflación no constituye una anomalía, sino un proceso recurrente. Los capitales estáticos pierden poder adquisitivo progresivamente, al tiempo que los recursos invertidos en activos productivos, materiales o indexados logran ajustarse mejor al contexto. Asimilar la esencia de cada instrumento, su desempeño a lo largo de diversos ciclos económicos y su función en el seno de una cartera diversificada ayuda a convertir la inflación, de un peligro imperceptible, en un factor controlable dentro de una planificación financiera a largo plazo.

Por Otilia Adame Luevano

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