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Memorándum clave: El Salvador y EE. UU. por energía nuclear

El Salvador suscribe memorándum con Estados Unidos para impulsar su primer reactor nuclear

El Salvador dio un nuevo paso en su ruta hacia la energía atómica al formalizar un memorándum con autoridades de Estados Unidos, con miras a desarrollar su primer reactor nuclear de uso civil. El acuerdo refuerza la cooperación técnica y política para avanzar hacia 2030, con el objetivo de diversificar la matriz eléctrica, fortalecer la seguridad energética y ampliar capacidades industriales.

Un hito de la diplomacia energética enfocado en metas comerciales y gubernamentales

El reciente memorándum de entendimiento suscrito entre el Gobierno de El Salvador y la Oficina de Energía Nuclear del Departamento de Energía de Estados Unidos traza las bases para ampliar el apoyo técnico, fortalecer la capacitación de personal especializado y analizar opciones tecnológicas viables para el país. De acuerdo con lo señalado por la representación diplomática salvadoreña en Washington, la energía nuclear se proyecta con un propósito comercial, orientada tanto a la demanda empresarial como a cubrir requerimientos estratégicos del sector público. Esta perspectiva busca incorporar la generación nuclear como un pilar estable dentro del portafolio eléctrico, apto para sostener actividades industriales de alta exigencia, servicios esenciales y nuevas inversiones que precisen un suministro energético ininterrumpido.

El anuncio se dio a conocer mediante un video donde se aprecia al titular de la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas, Daniel Álvarez, firmando el documento junto con Elizabeth Urbanas, subsecretaria para Asia y América del Departamento de Energía. La participación de ambas autoridades refuerza el propósito de definir una hoja de ruta viable, priorizando estándares de seguridad, control regulatorio y sostenibilidad a largo plazo. Aunque este avance no introduce el tema en la agenda nacional, sí lo impulsa y le otorga un respaldo institucional de alto nivel.

Cooperación en marcha y agenda de trabajo en Estados Unidos

La embajada salvadoreña en Estados Unidos señaló que, tras la firma, se llevarán a cabo reuniones técnicas y de coordinación con diversas instituciones y centros especializados, entre ellos el Instituto de Energía, con el fin de fortalecer el programa nuclear en desarrollo. Estos encuentros pretenden armonizar prioridades, detectar necesidades de capacitación y analizar soluciones tecnológicas adecuadas al contexto salvadoreño, especialmente aquellas que ofrezcan alta seguridad operativa junto con capacidad de expansión y sostenibilidad económica.

El proceso incluye instancias dedicadas a analizar tecnologías emergentes, explorar modelos de financiamiento, revisar esquemas de colaboración público-privada y promover mecanismos para transferir conocimiento. La participación de “aliados estratégicos” vinculados al ámbito nuclear busca garantizar que las decisiones se sustenten en evidencia, integren experiencias internacionales y favorezcan una ejecución progresiva con metas e hitos comprobables. En este sentido, la cooperación con Estados Unidos se complementa con el respaldo de organismos multilaterales y redes técnicas que avalan el cumplimiento de prácticas de seguridad radiológica y nuclear reconocidas a nivel global.

Contexto del proyecto y su relación con iniciativas anteriores

El interés salvadoreño por la energía atómica no surge de improviso. En marzo de 2023, el país firmó un acuerdo de cooperación con la organización Thorium Energy Alliance, promotora del torio como combustible alternativo en la generación nuclear. Esa aproximación abrió espacios de diálogo sobre posibles rutas tecnológicas —incluyendo diseños avanzados— y sobre la pertinencia de estudiar la factibilidad del torio en el mediano plazo. La embajada en Washington ha recordado que los primeros acercamientos con esta organización se realizaron en la sede diplomática, con el propósito de conocer de primera mano tendencias, ventajas y desafíos asociados.

A ello se suma la realización, en mayo de 2025, de la primera Misión SEED del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Estas misiones brindan asesoría para la planificación inicial de programas nucleares, fortalecen la gobernanza regulatoria y ayudan a ordenar la hoja de ruta para decisiones críticas, desde la selección del sitio hasta la preparación institucional. En ese marco, se mencionó la evaluación de posibles ubicaciones en los departamentos de San Vicente y Chalatenango, siempre sujeta a estudios rigurosos de geología, hidrología, sismicidad, logística y entorno socioambiental.

El horizonte 2030 y los retos de llevar a cabo una implementación responsable

La meta tentativamente trazada para 2030 exige una secuencia precisa de hitos: fortalecimiento del ente regulador, actualización del marco jurídico y normativo, diseño de la política nacional de energía nuclear, formación de recurso humano, selección y caracterización del sitio, licenciamiento, aseguramiento financiero, contratación y construcción. Cada etapa requiere coordinación estrecha con socios internacionales y observancia de estándares del OIEA en materia de seguridad, salvaguardias y no proliferación.

Un programa nuclear responsable impone demandas técnicas y sociales significativas. En lo técnico, se deben demostrar márgenes de seguridad robustos, planes de emergencia bien articulados, gestión transparente del combustible y sus residuos, y protocolos de mantenimiento y operación. En lo social y ambiental, es imprescindible llevar procesos de participación ciudadana, evaluar impactos acumulativos, proteger ecosistemas sensibles y asegurar que las comunidades cercanas al sitio cuenten con información confiable, beneficios tangibles y mecanismos de diálogo constante. La construcción de confianza pública será tan relevante como la ingeniería misma.

Opciones tecnológicas y la ruta de la diversificación energética

La discusión tecnológica en torno al primer reactor salvadoreño abarca alternativas que van desde reactores de potencia convencionales de escala acotada hasta pequeños reactores modulares (SMR) y diseños avanzados con mejoras intrínsecas de seguridad. Los SMR, por su menor huella, modularidad y potencial para escalamiento por etapas, han cobrado interés entre países que buscan fortalecer su matriz sin afrontar de entrada megaproyectos complejos. La eventual consideración de combustibles alternativos —como el torio en ciertos diseños— permanece sujeta a madurez tecnológica, licenciamiento y evaluación costo-beneficio.

Independientemente de la tecnología empleada, la energía nuclear se concibe como un componente sólido dentro de una matriz diversificada que ya abarca hidroeléctricas, geotermia, energía solar y eólica. Su aporte central radicaría en ofrecer una carga base constante, lo que favorece la integración de fuentes renovables intermitentes y disminuye la necesidad de recurrir a generación térmica fósil durante los momentos de mayor demanda. Esta forma de complementariedad fortalece la estabilidad del sistema eléctrico, optimiza la calidad del suministro para el sector productivo y puede disminuir la vulnerabilidad ante la volatilidad de los precios internacionales de combustibles.

Desarrollo de talento y apoyo a nivel internacional

Un eje central del memorándum es la capacitación. Estados Unidos brinda apoyo técnico mediante acuerdos que promueven el intercambio de expertos, pasantías, cursos especializados y cooperación entre universidades y laboratorios. Este componente busca cultivar una masa crítica de profesionales en áreas como ingeniería nuclear, seguridad radiológica, química, materiales, ciberseguridad industrial y operación de planta. La consolidación de capacidades locales no solo es vital para la fase de construcción y arranque, sino para décadas de operación segura y eficiente.

La mención al acuerdo de cooperación suscrito en octubre del año anterior con autoridades estadounidenses se incorpora a las iniciativas destinadas a garantizar la estabilidad institucional, mientras que la colaboración con el OIEA y con diversas redes regionales facilitará la armonización de normativas, la verificación de métodos de evaluación y la participación en misiones de revisión entre pares en momentos decisivos, disminuyendo los riesgos y elevando la calidad de las decisiones.

Selección del sitio y licenciamiento con estándares internacionales

Los estudios iniciales relativos a San Vicente y Chalatenango ponen de manifiesto la importancia de evaluar con precisión distintas alternativas. La decisión definitiva tendrá que considerar parámetros sísmicos y geotécnicos, la disponibilidad de recursos hídricos para sistemas de enfriamiento acordes con el diseño seleccionado, la calidad de los accesos viales y logísticos, una distancia adecuada respecto de zonas habitadas y la coherencia con los planes de ordenamiento territorial. El proceso de licenciamiento deberá garantizar la trazabilidad de cada resolución, dejar constancia del cumplimiento de las normativas del OIEA y establecer esquemas de auditoría autónomos.

Además del componente físico, la evaluación incluirá impactos en biodiversidad, calidad de aire y agua, y medidas de mitigación. La comunicación proactiva con comunidades y gobiernos locales, acompañada de programas de desarrollo social y económico, contribuirá a una convivencia sostenible y a la construcción de un entorno de cooperación.

Implicaciones económicas y de competitividad

El desarrollo de un reactor nuclear con propósito comercial puede impulsar cadenas productivas, atraer inversión y crear empleo altamente especializado. Durante la etapa constructiva intervienen industrias de ingeniería civil, metalmecánica, eléctrica y de control, mientras que en la fase operativa se requieren servicios de mantenimiento, calibración, ensayos no destructivos y asistencia tecnológica. Si a largo plazo se consigue eficiencia en costos y financiamiento, la reducción relativa del precio de la energía firme podría fortalecer la competitividad de sectores manufactureros y de servicios con elevado consumo eléctrico.

A la par, el país deberá administrar con precisión la arquitectura financiera del proyecto, articulando recursos públicos y privados, apoyos multilaterales y acuerdos de suministro eléctrico que repartan los riesgos de manera equilibrada. La apertura en los costos, los plazos y los contratos resultará clave para mantener la confianza y garantizar que los beneficios se concreten sin exceder el presupuesto.

Seguridad, salvaguardias y cultura de transparencia

Cualquier programa nuclear contemporáneo se sustenta en tres ejes: la seguridad tecnológica, las salvaguardias internacionales y una cultura institucional abierta. La seguridad abarca diseños con múltiples redundancias, una defensa en profundidad y planes de actuación ante emergencias que se articulan con la protección civil y los sistemas sanitarios. Las salvaguardias, supervisadas por el OIEA, aseguran que los materiales y equipos se empleen únicamente con fines pacíficos mediante inventarios, monitoreo y verificaciones regulares. La transparencia exige, además, informes públicos, auditorías, canales de consulta y procedimientos capaces de atender las observaciones provenientes de la sociedad civil y del ámbito académico.

La creación de una cultura de seguridad sólida requiere la participación no solo de operadores y reguladores, sino también de contratistas, proveedores y autoridades locales, mientras que los programas de capacitación permanente, los simulacros y las evaluaciones externas contribuyen a sostener estándares elevados y evitar la complacencia.

Próximos pasos y llamado a la participación informada

Tras la firma del memorándum, el plan inmediato contempla reforzar las mesas técnicas, establecer criterios para elegir la tecnología, perfeccionar la ruta regulatoria y ampliar la capacitación de los equipos especializados. Al mismo tiempo, se prevé avanzar en los estudios de emplazamiento y en las evaluaciones de impacto, mientras se impulsan espacios de diálogo con la ciudadanía. La participación informada, sustentada en datos y en el respeto a los estándares internacionales, será un elemento clave para adoptar decisiones responsables sobre un proyecto de esta envergadura.

El Salvador aspira a contar con su primer reactor hacia 2030, una meta ambiciosa que equilibra oportunidad y desafío. La colaboración con Estados Unidos, el acompañamiento del OIEA y los antecedentes de trabajo con redes técnicas como Thorium Energy Alliance delinean un ecosistema de apoyo significativo. Si se cumplen los requisitos de seguridad, viabilidad financiera y aceptación social, la energía nuclear podría convertirse en un pilar de la transformación energética salvadoreña, sumándose a la diversificación de fuentes y a la construcción de un sistema eléctrico más confiable, competitivo y sostenible.

Por Otilia Adame Luevano

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